Paul brinda inyección de ánimo a aficionada del América

Redacción

06:00 | Jueves 06 de Abril 2017

Ariadna Montoya

CIUDAD DE MÉXICO, abril 6 (EL UNIVERSAL).- A Susana Rivera nada le quebranta los ánimos si se trata de conocer a su ídolo, Paul Aguilar.
Con la pierna derecha vendada, cojeando, la chica de 18 años acude a las instalaciones de Coapa recién salida del hospital, donde le diagnosticaron rotura de ligamentos, por lo que será sometida a una cirugía.

Es el mismo mal que mantuvo seis meses inactivo a su zaguero favorito del América y por eso la fan azulcrema espera paciente la salida de Paul para darle un mensaje de aliento ante su cada vez más cercana reaparición en las canchas.

“Lo admiro mucho, él también se lastimó la rodilla y vengo a decirle que a pesar de las lesiones todo se puede”, expresa.
“También que las Águilas le sigan echando ganas como el gran equipo que son. Que sepan que la afición los apoya en todo momento”, afirma Susana, delantera del equipo San Pancho, que juega en el Batallón de San Patricio, en la delegación Álvaro Obregón.

“En un partido iba sola con el balón, la defensa rival se barrió y al momento de caer mi rodilla se dobló”, cuenta su infortunio la joven, quien se define como “águila desde la cuna”.
Apenas se asoma por la puerta la delgada figura de su ídolo, Susana toma su receta, una pluma y se aproxima lo más rápido que le permite su dolor para conocer a Aguilar.
Se abre paso entre la decena de aficionados que se arremolinan en la entrada del nido y queda frente a su héroe.

“¿Me das un abrazo?”, le pide ella al futbolista. “No, porque se enoja mi esposa”, le responde él entre risas mientras firma el papel doblado que contiene indicaciones médicas.
“Estoy muy emocionada. Él es mi ejemplo, mi ídolo. Conocerlo me dio muchísima fuerza para recuperarme”.

Cuando era una niña, Susana entró a las instalaciones de las Águilas y convivió de cerca con Guillermo Ochoa. “Mi mamá me traía a los entrenamientos, éramos Socio Águila y conocí a varios jugadores”, relata.

Tiene playeras y fotos, pero el recuerdo que sostiene ahora en su mano —la firma de Paul en la receta— es su preciada reliquia y la mejor inyección de ánimo.