Recupera ganas de vivir con futbol

Redacción

22:23 | Viernes 07 de Abril 2017

CIUDAD DE MÉXICO, abril 8 (EL UNIVERSAL).- Lo que el infortunio le quitó, el futbol se lo regresó: las ganas de vivir.
Una bala perdida impactó la rodilla izquierda de José Luis Monzalvo Hernández cuando tenía 28 años. Pero una negligencia médica provocó que perdiera su extremidad.
“Mi amputación fue por herida de bala, una bala perdida en una feria por la delegación Cuauhtémoc, en la iglesia de San Miguel, recuerdo que yo sólo veía que corría la gente, me quedé parado y luego sentí un golpe en mi rodilla, tenía 28 años. Me llevan al hospital, pero la amputación vino por negligencia, había errores en algunos trámites. Pasaron dos días. Veía mi pierna de otro color, no la sentía.
“Cuando me hacen los estudios, me dicen que era necesaria la amputación, que no volvería a jugar futbol, a tener una vida normal, fue doloroso porque para mí el futbol era una pasión desde niño”, menciona hoy a sus 45 años. “Quería morirme, mejor que verme amputado”.
Frente al desánimo y la discriminación que le cerraron puertas para trabajar, José Luis tocó fondo con las adicciones.
No quería salir a la calle ni recibir visitas, incluso por mi depresión estuve 13 años en alcohol y drogas, después acudí a Alcohólicos Anónimos”.
La recuperación fue lenta, pero poco a poco fue recobrando a su familia, amigos, oficio y la pasión por la redonda, aquella que le negaron los médicos.
“Soy comerciante, vendo accesorios para celulares por el metro La Raza. Un día, un cliente también con muletas me preguntó sobre mi condición, que si no me gustaría jugar futbol. El compañero me invitó al equipo y desde ese momento seguí luchando más fuerte contra mi enfermedad. Ahora lucho por el equipo, es echarle muchas ganas, siempre hacer mi mayor esfuerzo en cada entrenamiento y partido, y transmitirle eso a los nuevos integrantes del club”.
Volvió a nacer. Para “Monza” es único el momento en que volvió a lucir un uniforme, de ser férreo en el mediocampo, de platicar sobre futbol y de sus amadas Águilas del América.
“Es una felicidad enorme volverme a uniformar, regresan las ganas de vivir. Pensé que nunca correría, ahora lo hago con bastones, le pego al balón, el futbol es el mismo con o sin pierna, hay choques, patadas, codazos y bastonazos”, sentencia entre risas el jugador de los Guerreros Aztecas.