Almeyda rompe con su maldición en Liguilla

Redacción

06:00 | Lunes 15 de Mayo 2017

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ZAPOPAN, Jal., mayo 14 (EL UNIVERSAL).- Matías Almeyda explotó. Era tanta su felicidad que regaló abrazos y sonrisas. Apretó el puño. Encontró, al fin, el remedio a su malaria en la Liguilla.
Guadalajara ganó un partido en la fase final bajo su mando. Chivas descifró al Atlas. Resolvió el acertijo de los cuartos de final. Pasaron cinco partidos de dolor (cuatro ante América y uno contra los Rojinegros) antes de encontrar el éxtasis que sólo producen las victorias.
Fue por la mínima diferencia, por 1-0 para ir a las semifinales del Clausura 2017. Marcador que le sirvió para igualar 1-1 el global, pero la mejor posición en la tabla le dio el pase.
Sufrimiento en todo momento, pero el Rebaño Sagrado mantiene el sueño de bordar la estrella 12 en su legendario escudo. Este domingo, Orbelín Pineda fue su héroe, el autor del gol para alegrar a la nación rojiblanca.
Mucha tensión. Nerviosismo. Ambiente en el terreno de juego con nulo atrevimiento. La pelota estuvo en pies del Guadalajara como en casi toda la serie. Pero posesión sin saber por dónde ir automáticamente es un dominio estéril. El Atlas, un muro, que de inicio guardó a su mejor delantero, Matías Alustiza para el complemento. Y eso que los Rojinegros no cuidarían el resultado.
En los primeros minutos, Chivas intentó asfixiar con el impulso de la localía y la necesidad. Lo logró, pero los Rojinegros resistieron con un sobresalto: Alan Pulido anotó antes de los 60 segundos de acción, pero un fuera de lugar impidió el festejo.
La intrascendencia ofensiva volvió a lastimar al Rebaño. Mucho paseo de balón sin poder herir. Enfermedad que se prolongaba para la desesperación de Almeyda, quien se paseaba inquieto, producto de la prisa que sentía por ver a sus dirigidos amigarse con el gol. Por fin, Guadalajara encontró la ruta a las redes. El medio tiempo agonizaba cuando en un tiro de esquina Oswaldo Alanís remató y cuando Miguel Fraga se disponía a atajar, la frente de Orbelín Pineda desvió (45’). Chivas encontró el remedio a la eliminatoria, la puso de su lado. Volvió a acusar problemas en la definición.
Dos balones en los postes, uno de Rodolfo Pizarro y otro de Carlos Fierro le impidieron la tranquilidad al Rebaño en la segunda parte. De ahí, el sufrimiento. Chivas comenzó a padecer zozobra, miedo a que los Zorros encontraran el tanto de visitante que obligara a su rival a tener que ganarles por dos dianas.
El Rebaño comenzó a hacer tiempo. A jugar con la desesperación. En las gradas había murmullos de desconcierto. La banca local buscaba ansioso el silbatazo final, pese a haber más de 20 minutos por jugarse. Alustiza resultaba la carta fuerte por el bando rojinegro. Estaba fresco y se acostumbró a herir al Guadalajara. No pudo. Chivas aguantó el resultado. Su gente vibró. Sigue en deuda con su pegada. Tiene tiempo para resolverlo. Pero el sueño de ser campeón sigue vigente. Su grandeza le reclama conseguirlo.