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"Es hermoso, mamá" el recuerdo que tiene Anderson al cruzar la frontera a EU

La travesía que pasan los niños migrantes al cruzar la frontera y al ser separados de sus familias, ya que los albergues no cuentan con los cuidados que los niños requieren

EFE
11/10/2019 |08:00
ViveUsa
RedacciónVer perfil

Tiene 49 años, no le dijo que estaba huyendo de su marido, quien, según ella, la había golpeado y violado, y amenazó con quitarle a Anderson.

En Ciudad de México, le dijo a Anderson que iban a Estados Unidos para reunirse con su madre, Wendy.

Reuters no publica los apellidos de Anderson y sus familiares porque es menor de edad.

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Las acusaciones de Blanca contra su esposo, que Wendy dijo que Blanca le contó, no pudieron confirmarse de manera independiente.

En los trenes, Anderson sufrió fiebre, escalofríos y mareos.

Tuvo que orinar en una botella de plástico.

Pero no todo fue miseria. Blanca lo recuerda mirando las estrellas en el desierto en el norte de México: "Es hermoso, mama".

Dos días después de llegar a la frontera entre Estados Unidos y México, en mayo de 2018, los funcionarios estadounidenses colocaron a Blanca en una habitación y a Anderson en otra.

Después de que Blanca dijo que tenía miedo de regresar a Guatemala, el primer paso hacia una solicitud de asilo, las autoridades los enviaron a centros de detención separados: Anderson en Nueva York y Blanca en California.

Las separaciones son comunes cuando el adulto que acompaña al niño no es el padre.

En Nueva York, Anderson pasó las noches en hogares y los días en un refugio administrado por los Centros Cayuga, que opera una red de instalaciones que albergan a jóvenes inmigrantes para el gobierno federal.

Sus problemas, descritos en los registros de gestión de casos revisados por Reuters y en entrevistas con Anderson y su madre, comenzaron casi de inmediato.

Un niño empujó una mesa hacia su estómago y Anderson rasguñó su brazo, según un informe del incidente.

Se peleó con otro chico por un lápiz.

Le dijo a los trabajadores sociales que extrañaba a su familia y una enfermera psiquiátrica, que lo diagnosticó con trastorno de déficit de atención e hiperactividad, le prescribió medicamentos.

Anderson amenazó a un niño con un cuchillo para untar y luego le dijo a un trabajador social que estaba molesto porque el niño lo había besado en los labios.

Wendy, de 28 años y que vive en Eugene, contó que solo le permitían llamadas de 10 a 15 minutos dos veces por semana con Anderson y que estaba cada vez más preocupada según pasaban los meses.

En octubre, Anderson dijo que tres niños lo habían estrangulado y golpeado, según un informe del incidente.

Wendy le mostró a Reuters una captura de pantalla con marcas en su cuello que le enseñó durante una conversación por vídeo.

En noviembre, Anderson fue diagnosticado con sarna, una erupción cutánea con picazón transmitida por contacto con la piel y que es común en condiciones de hacinamiento.

A los ocho meses de detención, Anderson dijo a los consejeros que un niño había tocado sus partes privadas sobre su ropa, una denuncia que se informó a los servicios de protección infantil y a la policía de Nueva York, según los archivos.

Ambas agencias no quisieron hacer comentarios.

Wendy dijo que la policía entrevistó a Anderson pero abandonó el caso.

Richard Crompton, un portavoz de los Centros Cayuga, dijo que la organización no podía comentar casos individuales, pero que "todos los incidentes mientras un niño está bajo nuestro cuidado son investigados" y todas las denuncias graves o sexuales se informan a las autoridades para su investigación.

La Oficina Federal de Reasentamiento de Refugiados (ORR), que supervisa los centros de detención de migrantes, tampoco quiso comentar casos individuales.

En un comunicado, la agencia dijo que su misión es proporcionar un "ambiente seguro y saludable".

Anderson fue detenido cuando el gobierno del presidente Donald Trump adoptó procedimientos más complejos de investigación de antecedentes para patrocinadores adultos, demorando la liberación de los niños.

Algunos de esos procedimientos se han relajado y Crompton dijo que sus centros ahora liberan a la mayoría de los niños en menos de un mes.

En febrero, después de nueve meses bajo custodia, Anderson fue puesto en libertad con su madre en Oregón.

Su abuela Blanca entonces seguía detenida en el estado de Washington.

En agosto, Blanca fue deportada a Guatemala.

A Anderson se le permitió una última visita, pero sin contacto físico.

"Él puso su mano sobre el vidrio, yo puse la mía sobre la suya y él solo lloró", dijo Blanca.