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La Ruta 66 cumple 100 años: Ocho estados para recorrer un siglo de Estados Unidos

El 11 de noviembre de 2026, la Ruta 66 cumple 100 años

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19/10/2026 |07:30
Diana Espinoza
PeriodistaVer perfil

El 11 de noviembre de 2026, la cumple un siglo. Su trazado histórico cruza ocho estados y, más que una sola carretera, reúne ocho maneras muy distintas de viajar por Estados Unidos.



Aquí, el viaje no se trata únicamente de diners, moteles y autos clásicos. Se trata de saber dónde detenerse: frente a un astronauta gigante, en un puente que se dobla sobre el Mississippi, junto a una ballena azul en medio de Oklahoma o ante diez Cadillacs convertidos en arte.

Illinois

Chicago da inicio a la ruta con toda la energía de una gran ciudad: arquitectura, diseño, música, museos y una escena gastronómica que merece vivirse antes de salir a carretera. Después, el camino se vuelve más visual y nostálgico al pasar por comunidades como Joliet, Pontiac y Springfield, donde sobreviven letreros antiguos, estaciones de servicio restauradas y referencias a la época dorada del automóvil. Pero la primera señal de que este viaje no será convencional aparece en Wilmington, frente a un astronauta gigante que parece haberse quedado detenido en los años sesenta.

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Parada imperdible: Gemini Giant, en Wilmington.

Missouri

Missouri cambia el ritmo del viaje: deja atrás la entrada urbana de Chicago para abrir paso a pueblos pequeños, colinas boscosas, cuevas y tramos que conservan el . En St. Louis, la carretera se cruza con el Mississippi y con una de sus postales más inesperadas: un puente histórico que hace un giro de 30 grados a mitad del trayecto. Es el tipo de hallazgo que resume bien el espíritu de la ruta: la infraestructura también puede ser parte de la historia.

Parada imperdible: Chain of Rocks Bridge, en St. Louis.

Kansas

Kansas concentra toda su participación en apenas 21 kilómetros, pero logra convertirlos en una de las paradas más simpáticas de la ruta. En Galena, una antigua estación de servicio recuerda una época en la que estos negocios eran centros de encuentro para viajeros, mecánicos y comunidades enteras. Ahí se encuentra “Tow Tater”, una grúa de 1951 que inspiró al personaje de Mate en Cars y que convierte este pequeño tramo en una escala de cultura pop para todas las generaciones.

Parada imperdible: Cars on the Route, en Galena.

Oklahoma

Oklahoma es uno de los estados donde lase siente más viva. Entre Tulsa, Oklahoma City, Clinton y Elk City, la carretera reúne letreros de neón, museos, música, arquitectura Art Déco, diners y algunos de los lugares más extraños y entrañables del trayecto. Aquí se entiende que el viaje por carretera también fue una forma de entretenimiento: hacer una pausa no era perder tiempo, sino descubrir algo que no existía en ningún otro lugar. Una ballena azul gigante junto a un estanque lo resume mejor que cualquier explicación.

Parada imperdible: Blue Whale, en Catoosa.

Texas

Al llegar al Panhandle texano, el paisaje se abre de golpe: horizontes inmensos, moteles de carretera, pueblos con espíritu western y una sensación de libertad que se vuelve parte del viaje. Shamrock, McLean y Amarillo conservan algunas de las imágenes más reconocibles del tramo texano, pero es en las afueras de Amarillo donde la ruta se vuelve arte: diez Cadillacs enterrados de frente en un campo, cubiertos de capas de pintura que cambian todos los días.

Parada imperdible: Cadillac Ranch, en Amarillo.

Nuevo Mexico

En Nuevo México, la adquiere una identidad completamente distinta. El desierto, la cultura lowrider, los antiguos trading posts, las comunidades indígenas y los moteles iluminados de neón hacen que el viaje se sienta menos como una carretera histórica y más como una experiencia cultural en movimiento. Tucumcari, Santa Rosa, Albuquerque, Grants y Gallup son paradas que permiten descubrir una versión más profunda y colorida del Southwest. En Tucumcari, un motel de 1939 sigue encendiendo su letrero cada noche y conserva el encanto de cuando la carretera era el centro del viaje.

Parada imperdible: Blue Swallow Motel, en Tucumcari.

Arizona

Arizona reúne algunas de las postales más reconocibles de la Ruta 66: los moteles de Holbrook, la música de Winslow, el carácter de Seligman, los paisajes alrededor de Flagstaff y los pueblos que todavía mantienen el imaginario del oeste estadounidense. Pero su parada más inesperada está dentro de Petrified Forest National Park, donde la antigua alineación de la carretera cruza un paisaje de troncos fosilizados, mesetas y desierto pintado. Ahí, un Studebaker oxidado funciona como recordatorio de que la ruta también atraviesa millones de años de historia natural.

Parada imperdible: , en Petrified Forest National Park.

California

California transforma el viaje una última vez. Después del desierto de Mojave, la ruta pasa por pueblos y ciudades que marcaron la expansión hacia el oeste antes de llegar a Los Ángeles y, finalmente, a Santa Mónica. El final no se siente como una meta que hay que cumplir, sino como una recompensa visual: el océano Pacífico, el muelle, la rueda de la fortuna y la sensación de haber llegado al otro extremo de Estados Unidos. Es la fotografía final, sí, pero también el inicio perfecto para seguir descubriendo California por carretera.

Parada imperdible: el letrero “End of the Trail”, en Santa Monica Pier.

Cien años después, la Ruta 66 sigue siendo especial porque permite diseñar un viaje a la medida: un tramo de arquitectura, diseño y cultura pop en Illinois y Missouri; una ruta de pueblos y rarezas por Kansas y Oklahoma; un recorrido de arte, neón y desierto entre Texas, Nuevo México y Arizona, o un cierre frente al Pacífico en California.

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