Varios jóvenes enfurecidos irrumpieron la noche del domingo en el Hospital General de Mongbwalu, que atiende a pacientes con ébola en el epicentro del más reciente brote de la enfermedad en el este de la República Democrática del Congo, lo que obligó al personal médico a evacuar de inmediato a los afectados mientras se escuchaban disparos en la zona.
Hasta el momento, se desconoce si alguien resultó herido en el ataque al Hospital General de Mongbwalu, pero el doctor Richard Lokudu, director médico del hospital, declaró a The Associated Press que los atacantes exigieron que se les entregaran los cuerpos de dos familiares suyos.
Lokudu señaló por teléfono que hubo disparos y que los médicos trataban de evacuar a los pacientes y al personal.
“El Hospital General de Mongbwalu está en alerta general”, añadió. No tenía más detalles sobre la situación en desarrollo.
El ataque —el tercero en el lapso de una semana contra instalaciones de salud donde los trabajadores sanitarios lidian con la falta de recursos para tratar casos sospechosos de ébola— subrayó los desafíos del brote, que la Organización Mundial de la Salud ha declarado una emergencia de salud pública de importancia internacional.
Los cuerpos de quienes murieron de ébola son muy contagiosos y pueden provocar nuevos contagios cuando las personas los preparan para el entierro y se reúnen para los funerales.
En respuesta al brote, las autoridades congoleñas han ordenado que el peligroso trabajo de enterrar a presuntas víctimas sea gestionado, siempre que sea posible, por las autoridades, lo que puede generar protestas de familiares y amigos. El viernes, el gobierno informó que se prohibirían los velorios y las reuniones de más de 50 personas en el noreste del país en un esfuerzo por frenar la propagación del virus.
El sábado, un grupo de residentes de Mongbwalu, ubicado en la provincia de Ituri, atacó e incendió una carpa instalada por el grupo humanitario Médicos Sin Fronteras para casos sospechosos y confirmados de ébola.
Durante ese ataque, 18 personas presuntamente infectadas abandonaron la instalación y ahora se desconoce su paradero, indicó Lokudu anteriormente.
Otro centro de tratamiento, en la localidad de Rwampara, fue incendiado el jueves después de que se prohibiera a familiares retirar el cuerpo de un hombre local que se sospechaba había muerto de ébola.
La OMS señaló que el brote plantea un riesgo “muy alto” para el Congo, por encima de una categorización previa de “alto”, pero que el riesgo de que la enfermedad se propague a escala mundial sigue siendo bajo.
La mañana de domingo, el Ministerio de Comunicación congoleño informó en X que había 904 casos sospechosos de ébola, en su mayoría en la provincia nororiental de Ituri, un importante aumento frente a los más de 700 casos sospechosos anunciados previamente.
El ministerio también indicó que el total de muertes sospechosas por ébola era de 119, pero las cifras que difundió por separado para cada región sumaban 220. No fue posible contactar de inmediato a funcionarios para que explicaran la discrepancia.
No existe una vacuna disponible para el virus Bundibugyo, un tipo raro de ébola, que se propagó sin ser detectado durante semanas en Ituri tras la primera muerte, reportada a finales de abril en la ciudad de Bunia, capital provincial, ya que las autoridades realizaban pruebas para otro virus del ébola, más común, y los resultados dieron negativo.
La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja informó el sábado que tres de sus voluntarios habían muerto a causa del brote en Mongbwalu. La agencia dijo que creía que los tres trabajadores de salud contrajeron el virus el 27 de marzo mientras manipulaban cadáveres como parte de una misión humanitaria no relacionada con el ébola.
De confirmarse, esto retrasaría significativamente las fechas de inicio del brote.