Un dentista enfrenta posibles cargos penales en Italia por tratar de recibir una vacuna contra el COVID-19 en un brazo falso hecho de silicona.

Filippa Bua, la enfermera que lo atendió en la ciudad de Biella, en el norte del país, dijo que se dio cuenta de inmediato de que algo no estaba bien cuando el hombre presentó la extremidad falsa para recibir la inyección el jueves.

“Cuando descubrí el brazo, sentí que la piel estaba fría y pegajosa, y que el color era demasiado claro”, contó Bua al diario italiano Corriere della Sera.

En un primer momento pensó que el hombre, de 57 años, tenía el brazo amputado y se había equivocado al enseñarlo. Pero le levantó la camisa y vio la prótesis de silicona.

“Comprendí de inmediato que el hombre estaba tratando de evitar la vacuna utilizando una prótesis de silicona, en la que esperaba que yo le inyectase el medicamento sin darme cuenta”, agregó.

Según la enfermera, el hombre reconoció que no quería la vacuna, sino el certificado sanitario pase que a partir del lunes será obligatorio en toda Italia para para entrar a restaurantes, cines, teatros y otros recintos.

El dentista ya había sido suspendido de su trabajo por su negativa a vacunarse, algo obligatorio para el personal de salud en el país.

El hombre fue educado y abandonó el centro de vacunación después de su intento fallido, añadió Bua.

“Paramos, reflexionamos y comprendimos que esto no era solo una situación surrealista, sino un intento real de fraude”, añadió la enfermera. Ella y otros trabajadores del centro remitieron la documentación a sus superiores para que reportaran el caso, que pasó a manos de la fiscalía.

Aunque la tasa de vacunación del país es relativamente alta —el 85% de los mayores de 12 años que pueden optar a ella— la gente de entre 30 y 59 años ha resultado ser la más reticente, con casi 3,5 millones de personas que no han recibido siquiera la primera dosis en ese grupo.

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