Estados Unidos advirtió este viernes que la amenaza de atentados persiste en Kabul tras el sangriento , mientras más de 5,000 personas siguen dentro del aeropuerto esperando a ser evacuadas.

Las operaciones de salida de extranjeros y afganos se reanudaron este viernes en el aeródromo, un día después del sangriento atentado que dejó al menos 85 muertos, entre ellos 13 soldados estadounidenses, y más de 160 heridos.

Pero varios países anunciaron que terminaron sus operaciones, entre ellos España, Italia, Noruega o Suiza. Gran Bretaña lo hará "en pocas horas".

Francia sugirió que podría seguir sacando personas de Afganistán "más allá del viernes" y una delegación francesa se reunió en Doha con representantes de los talibanes por primera vez desde que tomaron el poder en el 15 de agosto.

Estados Unidos asume así prácticamente en solitario la tensa misión de concluir la mayor operación de evacuación de la historia de aquí al 31 de agosto, fecha elegida por el presidente Joe Biden para cerrar 20 años de presencia militar en el país.

"Todavía creemos que hay amenazas específicas y creíbles", indicó el portavoz del Departamento de Defensa estadounidense, John Kirby.

A pesar de todo, Estados Unidos cree que podrá sacar a gente "hasta el último momento".

Dentro del aeropuerto hay 5,400 personas, precisó el Pentágono. En las últimas 24 horas, a pesar del ataque, se logró evacuar a 12.500 personas en un total de 89 vuelos estadounidenses y de la coalición internacional.

El Pentágono reveló también que solo hubo un atacante suicida en el "complejo" atentado del jueves, y que no dos explosiones separadas, como se creyó inicialmente.

Londres anunció que entre las víctimas mortales había dos británicos.

Las explosiones sembraron el pánico y la desolación. Decenas de personas, muertas o heridas, yacieron durante horas tendidas en las aguas sucias de un canal de desagüe que bordea el aeropuerto.

"Hay muchas mujeres y niños entre las víctimas. La mayoría de la gente está conmocionada, traumatizada", dijo el viernes a la AFP un responsable del gobierno depuesto a mediados de agosto por los talibanes.

A los más de 70 afganos muertos se suman los 13 militares estadounidenses fallecidos y otros 18 heridos, la mayor pérdida del ejército estadounidense en Afganistán desde 2011.

En el peor momento desde el inicio de su mandato, un conmovido Biden prometió "perseguir" a los autores del ataque y hacerles "pagar" sus consecuencias.

"Estados Unidos no se dejará intimidar", dijo el mandatario.

Los talibanes, a través de su portavoz Zabihullah Mujahid, condenaron "firmemente" el ataque, pero señalaron que "tuvo lugar en una zona donde las fuerzas estadounidenses son responsables de la seguridad".

Bajo el nombre de EI-K (Estado Islámico Khorasan), el grupo yihadista ha reivindicado algunos de los ataques más sangrientos perpetrados en Afganistán en los últimos años, que dejaron decenas de muertos, especialmente entre los musulmanes chiitas.

Aunque ambos son sunitas radicales, el EI y los talibanes son enemigos y muestran un odio visceral mutuo.

El viernes, una extraña calma reinaba en Kabul, sobre todo alrededor del aeropuerto, donde los talibanes habían reforzado sus controles y la multitud había desaparecido en algunos puntos.

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan dijo que su país había mantenido sus primeros encuentros con los talibanes y que valoraba una propuesta del movimiento para gestionar el aeropuerto de la capital tras la .

El jefe de la diplomacia estadounidense, Antony Blinken, aseguró esta semana que los talibanes se habían comprometido a dejar que estadounidenses y afganos bajo su protección sigan saliendo del país más allá del 31 de agosto.

Pero se teme que muchos afganos que han trabajado para gobiernos y empresas extranjeras o para el gobierno depuesto no puedan salir.

Los talibanes prometieron que no habrá represalias contra sus detractores y aseguraron que su gobierno no será tal y como se recuerdan sus precedentes años en el poder (1996-2001) cuando impusieron una interpretación extremadamente rigurosa y radical de la ley islámica que penalizaba especialmente a las mujeres y a las minorías.

La ONU informó el viernes que espera hasta medio millón de refugiados afganos adicionales en 2021, aunque de momento no se ha constatado ningún éxodo.

Mientras tanto, en Kabul, hay familias que aún siguen buscando a sus familiares en los hospitales.

"Quería irse al extranjero. No sé si pudo entrar finalmente al aeropuerto o no porque los estadounidenses bloquean el acceso", dice Abdul Majid, refiriéndose a su hermano, del que no tiene noticias desde el jueves.

"Era un estudiante, tenía talento, pero debido a la situación del país quería irse, como todo el mundo", explica. 

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