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El mayor aumento mensual en los precios de la gasolina en seis décadas provocó un fuerte repunte de la inflación en marzo, lo que generó grandes desafíos para quienes combaten la inflación en la Reserva Federal y elevó los obstáculos políticos para la Casa Blanca.
Los precios al consumidor subieron un 3.3% en marzo respecto de hace un año, informó el viernes el Departamento de Trabajo, un pronunciado aumento frente al 2.4% de febrero y el mayor incremento interanual desde mayo de 2024. En términos mensuales, los precios aumentaron un 0.9% en marzo respecto de febrero, el mayor incremento de este tipo en casi cuatro años.
Es la primera lectura de inflación que capta los efectos de la guerra con Irán. El alza de los precios de la gasolina pondrá a prueba los presupuestos de muchos hogares de ingresos bajos y medios, ya que erosiona sus sueldos, lo que dificulta pagar otras necesidades como alimentos y alquiler.
Sin tener en cuenta las volátiles categorías de alimentos y energía, los precios subyacentes subieron un 2.6% en marzo respecto de hace un año, frente al 2.5% de febrero. Y el mes pasado los precios subyacentes aumentaron un moderado 0.2%, lo que sugiere que el encarecimiento de la gasolina aún no se ha extendido a muchas otras categorías.
Una gran pregunta por ahora es cuánto durará el shock de los precios del petróleo y la gasolina y si derivará en un repunte inflacionario más amplio y duradero, similar a lo que ocurrió en la primavera de 2022 después de que Rusia invadiera Ucrania.
Por ahora, los economistas señalan que es poco probable que en Estados Unidos se produzca un aumento generalizado como el de hace unos años, cuando la inflación superó el 9%.
Pese a un frágil alto el fuego, poco ha cambiado en el estrecho de Ormuz, por el que normalmente pasan a diario millones de barriles de petróleo.
“Es doloroso en el corto plazo”, afirmó Michael Pearce, economista jefe para Estados Unidos en Oxford Economics. “Se volverá más doloroso en abril”, cuando los nuevos aumentos en el precio de la gasolina elevarán aún más la inflación.
Pero Pearce sostuvo que el impacto podría ser más breve que el posterior a la pandemia: “Creo que las condiciones se parecen mucho más a un shock corto y brusco que a lo que vimos en 2022”. Afirmó que el impacto podría desvanecerse en los siguientes meses de este año.
El mes pasado, los precios de los comestibles bajaron un 0.2% y son apenas un 1.9% más altos que hace un año. Los analistas esperan que los precios de los alimentos suban en los próximos meses, ya que el fuerte aumento del diésel encarece el transporte.
El aumento en los costos de la energía “contribuye al incremento de los costos de producción en toda la cadena de suministro de alimentos y podrían ejercer presión al alza sobre los precios de los comestibles en el futuro”, señaló Andy Harig, vicepresidente del grupo comercial de supermercados FMI-The Food Industry Association. “A medida que aumentan los precios de la energía, también suben los costos asociados con la producción y el reparto de alimentos”.
El shock en los precios de la gasolina derivado de la guerra con Irán ha cambiado la trayectoria de la inflación, de una caída lenta y gradual a un aumento brusco que la aleja aún más del objetivo del 2% de la Fed.
Como resultado, es casi seguro que el banco central posponga cualquier recorte de las tasas de interés durante meses. Sin embargo, muchos funcionarios de la Fed pasarán por alto el aumento de la inflación general y se concentrarán en los precios subyacentes, que probablemente subirán más lentamente.
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