Entre la noche del 27 y la madrugada del 28 de agosto ocurrirá uno de los fenómenos más esperados por la ciencia y los fanáticos de la astronomía: un eclipse lunar parcial que se verá como una Luna de Sangre.
Este fenómeno será visto en varias latitudes del continente americano, entre ellas México. Se estima que el eclipse lunar parcial y la Luna de Sangre ocurran durante la noche del 27 y las primeras horas del 28 de agosto, exactamente entre las 7:23 pm del jueves y la 1 am del viernes, hora central de México.
Durante el eclipse, la Luna estará en su fase llena y se tornará de rojo intenso debido a la sombra que proyecta la Tierra. Cabe destacar que este fenómeno cubrirá el 96.2 por ciento del disco lunar, por lo que no será un eclipse total.
En torno a este evento astronómico han surgido incógnitas sobre sus efectos en la Tierra: ¿Un eclipse, la posición o la fase de la Luna pueden desatar un terremoto? A continuación te contamos lo que dice la ciencia.
Los terremotos no se pueden predecir ni tampoco hay datos que afirmen o detallen correlaciones significativas entre la frecuencia y la magnitud de los terremotos con la Luna o con los eclipses.
Expertos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) apuntan que los sismos tienen la misma probabilidad de ocurrir en la mañana, en la tarde o en la noche, aunque puede haber cierta influencia por parte de las mareas terrestres en el desarrollo de movimientos telúricos.
Según cita USGS, hay más posibilidades de que se produzca un sismo en fallas de “cabalgamiento superficiales cerca de los bordes de los continentes y en zonas de subducción” cuando hay Luna llena o Luna Nueva.
Las mareas terrestres y oceánicas pueden modificar ligeramente la presión sobre algunas fallas geológicas y, con ello, influir en la probabilidad de que ocurra un sismo, explican los expertos. Cuando la presión de confinamiento disminuye, ciertas fallas poco profundas pueden deslizarse con mayor facilidad.
Aunque algunos estudios han encontrado un aumento de la probabilidad durante determinadas fases de marea, el riesgo absoluto sigue siendo muy bajo, por lo que las mareas no permiten predecir terremotos. Esta influencia se debe principalmente a la gravedad de la Luna y el Sol, que generan variaciones en las fuerzas que actúan sobre la Tierra.
En cuanto a los eclipses lunares como el del 27 de agosto, o los eclipses solares, “no provocan efectos mareales especiales” diferentes a los de la Luna llena o nueva, detalla el USGS.
La USGS apunta que no se ha demostrado científicamente que el clima espacial, como se le llama a fenómenos como las tormentas magnéticas o las erupciones solares, intervenga con el movimiento de las placas tectónicas.
Los terremotos seguirán ocurriendo en diferentes partes del mundo aún cuando no haya cambios en el clima espacial, debido a que el movimiento telúrico se origina en el interior de la Tierra y no tiene que ver con el espacio.
La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA), explica que el fenómeno se verá como una Luna de Sangre debido a que nuestro planeta impide que la mayor parte de la luz solar llegue a la Luna.
La luz que alcanza a pasar se filtra a través de una capa de la atmósfera terrestre en su camino hacia la superficie lunar.
Para que esto ocurra, primero debe de haber un eclipse lunar, que es cuando la Tierra, la Luna y el Sol se alinean de manera que la Luna atraviesa la sombra de la Tierra. Cuando un eclipse lunar ocurre, la Luna se sitúa dentro de la parte más oscura de la sombra de la tierra, llamada umbra.
“Cuando la Luna está dentro de la umbra, se ve de un color rojo naranja. Los eclipses lunares a veces son conocidos como Lunas de sangre debido a este fenómeno”, explica la NASA.